lunes, 19 de febrero de 2018

Especial: Recomendados FICCI 58 (2018) - TOP 15 by A.S.B

Recomendados FICCI 58 - TOP 15 By A.S.B



Llega nuevamente, finales de Febrero e inicios de Marzo, con una nueva edición del Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias (FICCI 2018), con la edición número 58. Del 28 de Febrero al 5 de Marzo, Cartagena como todos los años, se convierte en el gran epicentro del cine en el país y en Latinoamérica. En esta ocasión, el festival tiene una imagen oficial muy llamativa y exótica, apelando a la esencia y diversidad del caribe, lugar de la vida y la muerte, de colores, de alegría, de electricidad, vida y de dolor. El slogan en esta ocasión y hashtag oficial es #PuroVoltajeFICCI58. Que nos muestra un pequeño cambio de visión, luego de dos años donde se homenajeó a la memoria, es tiempo de tomar lo siempre bueno que se recoge en mirar atrás, y proyectar el presente y el futuro.  

Así como en los últimos años, el cine latinoamericano sigue en alza y en lo más alto del panorama internacional, por lo que seguiremos descubriendo los trabajos de los nuevos directores que han triunfado en su paso por festivales europeos, otros que se presentarán por primera vez, y por supuesto, una considerable cuota colombiana, que también forma parte de esta época dorada del cine latino, que lleva ya algunos años. 

Me sigue sorprendiendo la fuerte presencia del cine documental, no sólo en este festival, sino en general en el panorama internacional. Y personalmente, este año me ha gustado mucho la selección y curaduría en las distintas secciones, lo que me hizo muy difícil hacer mi lista de recomendados. Al final, quería meter en los recomendados a todas las películas de competencia oficial (algo que no me pasa muy seguido), pero tuve que depurar un poco para tener como siempre una lista variada, que contenga otras secciones también, la documental, la colombiana, y por supuesto, las infaltables gemas. 




Tilda Swinton


Mucha gente me pregunta que cómo se hace un listado de recomendaciones de películas que aún no se han visto. Y bueno, trataré de responder: No es fácil, afortunadamente hay algunas que he tenido la oportunidad de ver (especialmente en las gemas), pero cuando no, tengo en cuenta algunos aspectos, me centro en el trabajo anterior del director, en sus palmarés, en algunas críticas profesionales, etc. Cuando es una ópera prima, el trabajo es más difícil, y tengo que apelar a la historia, al argumento, si me interesa; a imágenes, a entrevistas si le han hecho… y a algo que también debemos de tener los que escribimos sobre cine, y es la “intuición cinéfila”, cuando el escritor se arriesga por nuevos trabajos. Siempre hay riesgos, pero es una aventura que te permite descubrir joyas, y permitir que otros las descubran, lo que al fin y al cabo es la tarea del crítico y el reseñista. Llevo asistiendo hace muchos años al FICCI, pero oficialmente desde el 2014 vengo haciendo los recomendados en mi blog, y en todos he tenido esas posiciones, pero afortunadamente siempre salen las ganadoras en mis recomendados, jeje. Acá dejo los enlaces:

Recomendados FICCI 2014
Recomendados FICCI 2015
Recomendados FICCI 2016
Recomendados FICCI 2017


El festival nuevamente tendrá invitados de lujo, con tributos al director y las actrices, Bruno Dumont, Maribel Verdú y Tilda Swinton. Retrospectiva del gran director brasilero, Glauber Rocha. El actor Owen Wilson de invitado especial. Además de los siempre interesantes programas especiales como: El Cine de Medianoche, las Galas, donde se proyectarán películas como Cóndores no entierran todos los días y Nadie nos mira; El infaltable y mágico Cine bajo las estrellas, un especial de Cine Español, donde se proyectará la bella ópera prima “Verano 1993”; Y los programas de Guerra y Paz, donde se podrán apreciar obras de la temática, entre ellas la excelente ópera prima de Ciro Guerra, “La sombra del caminante”. 

El festival mantendrá el mismo esquema de los años anteriores, con las proyecciones en el Centro Histórico y en las salas de Cine Colombia, estas últimas con la misma dinámica de ir a reclamar las boletas el día anterior de cada función. Así que muy atentos cuando salga la programación para empezar a organizarse y puedan ver todas las películas que les interesen, entre ellas, las que les voy a recomendar a continuación. Armar una lista de 15 recomendados ha sido muy difícil, particularmente en este año, donde nuevamente veo una calidad muy alta. Pero he tratado de seleccionar las que creo que serán las imprescindibles. Como dije anteriormente, en los años anteriores, siempre doy con las ganadoras en mis recomendados, jeje igual siempre pueden escribirme a insultarme si no les gustó alguna. Aunque de todos estos años, sólo he recibido 2 llamadas inconformes (y no necesariamente porque las películas sean malas). 

Así que sin más preámbulos, acá mis 15 películas recomendadas y “must see” de este FICCI58 (más un bonus adicional, con unas que también tengo mucho interés en ver, pero no alcanzaron a entrar en el Top):



Especial: Recomendados FICCI 58 (2018) - TOP 15 by A.S.B




The Florida Project


1. The Florida Project (Sean Baker) - USA - Gemas:

Película más reciente del excelente y joven director, Sean Baker (Starlet, Tangerine), de los grandes exponentes del Cine Independiente Norteamericano. Y una de las Gemas del FICCI. Ganadora de varios premios a la Mejor Película en la presente temporada de premios, nominada al Oscar por su actor, Willem Dafoe. Una pequeña fábula sobre la infancia y la pobreza. Baker sigue puliéndose como maestro de lo cotidiano y poeta de la américa profunda.

Explanada de Banderas/Mar 1/19:30
Cine Colombia (Paseo de la Castellana) 3/Mar 2/18:30
Cine Colombia (Plaza Bocagrande) 4/Mar 4/18:20




Zama


2. Zama (Lucrecia Martel) – Argentina - Competencia Oficial Ficción

Película más reciente de la emblemática directora argentina, Lucrecia Martel. Ganadora del Festival de La Habana, a la mejor dirección, dirección artística, sonido y FIPRESCI; en el Festival de Sevilla, distintos festivales, y seleccionada por diversos medios como de las mejores películas del 2017. Adaptación de la historia de Don Diego de Zama, un oficial español del siglo XVII asentado en Asunción que espera su transferencia a Buenos Aires. Basada en la novela existencial de Antonio Di Benedetto escrita en 1956.

Cine Colombia (Caribe Plaza) 4/Mar 2/12:20
TAM/Mar 3/12:00
Cine Colombia (Plaza Bocagrande) 4/Mar 4/15:20
Cine Colombia (Plaza Bocagrande) 4/Mar 5/12:20




Season of the Devil


3. Season of the Devil (Lav Diaz) - Filipinas - Gemas

Película más reciente del reconocido director filipino Lav Diaz, reconocido tanto por la calidad como por la duración de sus filmes, y una de las Gemas del FICCI. Esta película es inédita, y se encuentra participando ahora mismo en el Festival de Berlín 2018, y por su sinopsis, que dice: “Un musical anti-musical, una ópera rock que se adentra en la mitología”, seguramente tendremos algo fascinante por descubrir de uno de los grandes directores contemporáneos. 

Cine Colombia (Plaza Bocagrande) 4/Mar 2/18:20
Cine Colombia (Caribe Plaza) 2/Mar 3/15:10




Cocote


4. Cocote (Nelson Carlo de los Santos Arias) - República Dominicana - Competencia Oficial Ficción

Primer largometraje de ficción del dominicano, Nelson Carlo de los Santos Arias, quien ya había realizado cortos y documentales. Ganador del premio a Mejor Película en la sección Signs of Life del Festival de Locarno 2017, y triunfos en el Festival de Mar de Plata y el de Lisbon & Estoril. Cuenta la historia de Alberto, un evangélico que trabaja como jardinero en una casa adinerada de Santo Domingo, quien interrumpe su trabajo para ir al velatorio de su padre. Allí se entera que éste en realidad ha sido asesinado, y su familia espera que él se haga cargo de su asesino. 

TAM/Mar 1/15:00
Cine Colombia (Plaza Bocagrande) 5/Mar 3/21:00
Cine Colombia (Caribe Plaza) 2/Mar 4/12:10
Cine Colombia (Plaza Bocagrande) 3/Mar 5/18:40




Virus Tropical


5. Virus Tropical (Santiago Caicedo) - Colombia - Competencia Cine Colombiano

Película de animación, dirigida por el colombiano Santiago Caicedo, animador y artista visual, quien adapta en esta ocasión una novela gráfica homónima de la ilustradora colombo-ecuatoriana Powerpaola. Cuenta la historia de Paola, una mujer que vemos crecer durante el metraje, junto con todas las experiencias que pasan en esa transición: sexo, drogas, matrimonio, familia. 

Cine Colombia (Plaza Bocagrande) 3/Mar 1/12:40
Cine Colombia (Caribe Plaza) 3/Mar 2/15:40
TAM/Mar 3/15:00
Cine Colombia (Paseo de la Castellana) 3/Mar 4/15:30




120 pulsaciones por minuto


6. 120 pulsaciones por minuto (Robin Campillo) - Francia - Gemas

Ganadora del Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes 2017, y distintos premios como la mejor película extranjera del año, y una de las Gemas del FICCI. Más reciente trabajo del director francés Robin Campillo, donde cuenta una historia, ambientada en París, a principios de los años 90. Donde un grupo de jóvenes activistas intenta generar conciencia sobre el SIDA. Es una película con una factura impecable, con estilo, bellamente filmada, y llena de pasión, sexo, compromiso y amor. 

Cine Colombia (Plaza Bocagrande) 1/Mar 1/18:30
Cine Colombia (Paseo de la Castellana) 3/Mar 3/21:30
Cine Colombia (Plaza Bocagrande) 3/Mar 5/21:40




La familia


7. La familia (Gustavo Rondón Córdova) – Venezuela - Competencia Oficial Ficción

Primer largometraje de ficción del director venezolano, Gustavo Rondón Córdova, quien participó con este filme en la Semana de la Crítica en el Festival de Cannes 2017. En “La familia”, cuenta la historia de Andrés y su hijo Pedro, de 12 años, quienes viven en una vecindad marginal de Caracas. Mientras Andrés utiliza su tiempo con sus trabajos, Pedro camina por las calles jugando con sus amigos y aprendiendo del lugar violento que le rodea.

Cine Colombia (Plaza Bocagrande) 1/Mar 1/18:40
TAM/Mar 2/12:00
Cine Colombia (Paseo de la Castellana) 3/Mar 2/15:30
Cine Colombia (Caribe Plaza) 2/Mar 4/18:10




The Smiling Lombana


8. The Smiling Lombana (Daniela Abad Lombana) - Colombia (Inauguración) - Competencia Documentales y Cine Colombiano

Daniela Abad Lombana, recordada por su paso en el FICCI el año pasado, con el bello documental, codirigido con Miguel Salazar, “Carta a una sombra”, que ganó dos premios en la pasada edición. En su segundo documental, sigue ahondando en la historia familiar. Tito Lombana, abuelo materno de la directora, explora la vida de su abuelo sin ahorrarse preguntas incómodas. A través de los testimonios de su esposa, su familia y las personas que lo conocieron, el personaje revela sus pliegues. 

Película de Inauguración
Cine Colombia (Caribe Plaza) 4/Mar 1/18:20
Cine Colombia (Paseo de la Castellana) 3/Mar 3/18:30
Casa 1537 Sala 1/Mar 4/21:00




In the Fade


9. In the Fade (Fatih Akin) - Alemania - Gemas

Más reciente trabajo del reconocido director alemán de ascendencia turca, Faith Akin. Ganadora del Premio a Mejor Actriz en el Festival de Cannes 2017, por su actriz, Diane Kruger. Y una de las Gemas del FICCI. Cuenta la vida de Katja, una mujer que se hunde cuando su marido y su hijo mueren en un atentado con bomba. Tras el duelo y la injusticia, llegará el tiempo de la venganza.

Cine Colombia (Paseo de la Castellana) 3/Mar 1/21:30
Cine Colombia (Plaza Bocagrande) 3/Mar 2/12:40
Casa 1537 Sala 1/Mar 4/11:00




As boas maneiras


10. As boas maneiras (Marco Dutra,  Juliana Rojas) – Brasil - Competencia Oficial Ficción

Más reciente trabajo del dúo de directores brasileros, que ya habían trabajado juntos antes y de forma individual, con sendos reconocimientos. La película logró el Premio de la Crítica en el Festival de cine fantástico de Sitges, en un empate con otra gran película, “The Killing of a Sacred Deer” del cineasta griego Yorgos Lanthimos; también triunfo en Locarno. La película cuenta la historia de Ana, una mujer misteriosa y adinerada que contrata a Clara, una solitaria enfermera que vive a las afueras de São Paulo, para ser niñera de su hijo aún no nacido. Conforme el embarazo va avanzando, Ana comienza a presentar comportamientos cada vez más extraños, y siniestros hábitos nocturnos que afectan directamente a Clara.

Cine Colombia (Paseo de la Castellana) 3/Mar 3/15:30
Cine Colombia (Plaza Bocagrande) 2/Mar 3/21:10
TAM/Mar 4/12:00
Cine Colombia (Caribe Plaza) 5/Mar 5/12:00




The Best Thing You Can Do With Your Life


11. The Best Thing You Can Do With Your Life (Zita Erffa) – Alemania/Mexico - Competencia Documentales

Opera prima de la directora de origen Alemán, que estudió en Mexico, Zita Erffa. En este documental, la directora por primera vez en ocho años pasará una estancia con su hermano Lázló, quien se ha entregado al noviciado católico de los Legionarios de Cristo. En el reencuentro están intactos el nostálgico cariño y la vieja camaradería, pero los hermanos se disponen también a enfrentar incómodas conversaciones.

Cine Colombia (Plaza Bocagrande) 3/Mar 2/15:40
Casa 1537 Sala 1/Mar 3/13:30
Cine Colombia (Plaza Bocagrande) 3/Mar 4/12:40
Cine Colombia (Caribe Plaza) 4/Mar 5/12:20




El hombre que siempre hizo su parte


12. El hombre que siempre hizo su parte (Orisel Castro,  York Neudel) – Ecuador - Competencia Documentales

Documental conjunto entre los realizadores cubano y alemán, Orisel Castro y York Naudel, quienes ahondan en la vida del prominente científico y escritor ecuatoriano, Carlos Rota. El doctor Rota es un escritor, científico y hombre de negocios que, a sus 78 años, busca el reconocimiento de los demás haciendo esta película.

Cine Colombia (Caribe Plaza) 2/Mar 1/15:10
Cine Colombia (Plaza Bocagrande) 5/Mar 2/15:00
Casa 1537 Sala 1/Mar 4/16:00
Cine Colombia (Plaza Bocagrande) 4/Mar 5/15:20




Matar a Jesús


13. Matar a Jesús (Laura Mora) – Colombia - Competencia Cine Colombiano

Largometraje de ficción de la directora colombiana, Laura Mora, quien ha realizado cortometrajes y trabajado en proyectos televisivos en el país. En “Matar a Jesús”, cuenta la historia de Paula, una joven estudiante de 22 años, que presencia el asesinato de su adorado padre, un popular profesor de ciencias políticas de una universidad pública de la ciudad de Medellín. Desde la distancia, logra ver al asesino mientras se aleja a toda velocidad en una motocicleta. Devastados por el dolor tras los hechos, Paula y su familia tendrán que enfrentar la indolencia oficial. 

TAM/Mar 1/17:30
Cine Colombia (Paseo de la Castellana) 3/Mar 2/21:30
Cine Colombia (Plaza Bocagrande) 3/Mar 3/15:40
Cine Colombia (Caribe Plaza) 3/Mar 5/12:40




Mrs. Fang


14. Mrs. Fang (Wang Bing) – China/Francia - Gemas

Película más reciente del reconocido director de cine chino, Wang Bing, uno de los más reconocidos directores de documentales del cine, que ya ha estado anteriormente en el FICCI. Ganador del Leopardo de Oro a la Mejor Película en el Festival de Locarno. Cuenta los últimos momentos de la vida de Fang Xiuyan, una granjera nacida en Huzhou (Fujian) a finales de los 40 y que fue diagnosticada hace mucho tiempo con el síndrome de Alzheimer. El realizador conoció a la hija de Fang en 2014, y fue invitado a la casa de su madre al año siguiente. Su encuentro con la señora, que para entonces estaba ya grave, conmovió profundamente al cineasta, que no se separó de ella desde que en 2016 supo que su salud estaba empeorando. Bing decidió convertir su último aliento en una forma de poesía, dando voz a personas como ella que viven la vida en los márgenes de una historia que parece haberlas olvidado.

Cine Colombia (Caribe Plaza) 5/Mar 1/12:00
Cine Colombia (Plaza Bocagrande) 5/Mar 2/18:00
Casa 1537 Sala 1/Mar 3/21:00
Cine Colombia (Caribe Plaza) 4/Mar 4/15:20




Muchos Hijos, Un Mono y un Castillo


15. Muchos Hijos, Un Mono y un Castillo (Gustavo Salmerón) - Competencia Documentales

Documental del director español, Gustavo Salmerón, quien involucra a su familia. Doña Julia Salmerón es la protagonista, madre de Gustavo, una mujer que cuenta su historia, las aventuras que ha tenido, las decisiones que ha tomado, y cómo tener hijo cambió completamente su visión de la vida. 

Cine Colombia (Caribe Plaza) 3/Mar 1/21:40
Casa 1537 Sala 1/Mar 2/13:30
Cine Colombia (Paseo de la Castellana) 4/Mar 2/18:40
Cine Colombia (Plaza Bocagrande) 2/Mar 5/18:10



Bonus Adicional: 

Pororoca de Constantin Popescu (Gema), The Day After de Hong Sang-soo (Gema) (Aunque mi favorita del director del año pasado es “On the beach at night alone”), La casa lobo de Joaquín Cociña , Cristóbal León (Competencia Ofical/Chile) (Esta se me quedó por fuera del Top 15 por poco, le tengo mucha expectativa), La telenovela errante de Raoul Ruiz,  Valeria Sarmiento (Competencia Oficial/Chile), La Estrella Errante de Alberto Gracia (Competencia Oficial/España), Las herederas de Marcelo Martinessi (Competencia Oficial/Paraguay), The Chaotic Life of Nana Kadic de Marta Hernaiz Pidal (Competencia Oficial/México/Bosnia&Herzegovina), Ata Tu Arado A Una Estrella de Carmen Guarini (Documental/Fuera de Competencia), Sal de William Vega (Cine Colombiano), Amanecer de Carmen Torres (Cine Colombiano) y La Torre de Sebastián Múnera (Cine Colombiano).



Como pueden apreciar, todo un banquete de cine que nadie puede perderse. ¡Nos vemos en el FICCI!





Alejandro Salgado Baldovino (A.S.B)


domingo, 11 de febrero de 2018

Los Amores de Nishino (Hiromi Kawakami)

Hiromi Kawakami



Los amores de Nishino es una bella, corta, tierna y evocadora novela de la escritora japonesa Hiromi Kawakami. Nos cuenta la historia de Nishino, a partir de las voces y perspectivas de sus amantes, de sus mujeres y amores a través de su vida. Desde que es un joven de 18 años en la Universidad, estudiando Economía, hasta que es un hombre adulto y mayor.

Los relatos son muy interesantes. Cada breve capítulo es una voz diferente, una mujer distinta. La perspectiva femenina a través de la cual se explora la intimidad de un hombre, conforman un retrato muy interesante, curioso y verídico. Y descubrimos como a pesar de que mantiene rasgos comunes, cada una da unos detalles distintos del personaje, que al final del libro nos parece un viejo conocido. 

“¿Qué será el amor? Las personas tienen derecho a enamorarse de otros, no a que los demás las amen”

Nishino es un espíritu libre, enamoradizo, que aunque es mujeriego, aparentemente se enamora de cada uno de sus amores, pero no se entrega completamente. Es libre de amar. Algunas mujeres le guardan rencor, otras mucho cariño, comprensión y pasión. 

También me pareció muy interesante, que mientras las mujeres hablan, describen y analizan la figura de Nishino, también se desnudan a sí mismas. Por lo que al final, también es un bello retrato femenino, de cómo ven las mujeres a los hombres, lo que esperan de ellos, lo que les molesta, lo que les gusta, lo que les atrae, lo que les aburre, etc. 

Kawakami es una escritora muy hábil, que posee las características, detalles y la esencia del arte japonés. Una prosa muy pulcra, sutil y transparente, que demuestra el talento de la autora en diseccionar y retratar los sentimientos y las emociones. Los anhelos y las decepciones. 

De forma sutil, nos mantiene extasiados por su música, por su prosa hipnótica y cristalina, mientras de vez en cuando nos sorprenda y nos llegue un balde de agua helada o un golpe directo y eficaz. Por sus revelaciones, por la exposición de la intimidad, por los juegos y la seducción, en la que sus personajes envuelven y develan al lector. 

En cuanto a su estructura narrativa, no sigue un orden lineal, ya que nos enfrentamos a los recuerdos de las mujeres, que mezcla sin orden cronológico y específico el Nishino adulto, con el adolescente y con el maduro. Y a veces, las mujeres coinciden en sus respectivas historias. Lo que es un ejercicio muy interesante, que sirve al lector para hilar cabos, retroceder a algunas historias, y tratando de armas un mapa sobre el personaje y sus amores.

Es bello y luminoso porque son mujeres que recuerdan a un personaje especial que pasó por sus vidas, y les dio momentos de felicidad, ya fuesen años o unos cuantos días. Por lo que algunas confesiones están llenas de simpatía, dulzura y comprensión. Al final no conocemos con certeza lo que pasa con Nishino, sólo tenemos los fragmentos de recuerdos y remembranzas de estas mujeres, que en su análisis de este personaje se desnudan y autoanalizan a sí mismas… y nos presentan la idealización del otro ser. Recomendado.




Alejandro Salgado Baldovino (A.S.B)


jueves, 1 de febrero de 2018

Los Niños Perdidos (Valeria Luiselli)

Valeria Luiselli



Los Niños Perdidos” es el libro más reciente publicado por la talentosa, joven y excelente escritora mexicana, Valeria Luiselli. Publicado en el 2017, es un ensayo de poco más de 100 páginas, que se basa en las 40 preguntas formuladas en un cuestionario, que deben responder todos los niños centroamericanos y suramericanos que llegan cada año a los Estados Unidos por la frontera mexicana.

Y se basa en ese formulario, porque Valeria Luiselli trabajó como traductora e intérprete para los niños en la corte de inmigración en Nueva York. A ella le tocaba traducir las preguntas, formularlas a los niños, y transcribir sus respuestas. Luiselli llegó a este puesto, luego de que una abogada que le estaba ayudando en su proceso con la Green Card, que es el Permiso de Residencia Permanente, le mencionó que trabajaba en la corte de inmigración con los niños inmigrantes; y Valeria, que se encontraba en una especie de stop laboral, porque no podía seguir trabajando en la universidad como profesora sin la Green Card, decidió hacer este trabajo como traductora mientras esperaba definir su propia situación en el país. 

En Noviembre del 2015 empezó a escribir el ensayo. Así que, mientras no podía trabajar en la universidad y esperaba su Green Card, se dedicó además a escribir un ensayo sobre esas historias que escuchaba, y que en cierta forma se reflejaban por lo que ella misma estaba pasando. Y como ella misma dice:

“¿Porque cómo se explica que nunca es la inspiración lo que empuja a nadie a contar una historia, sino, más bien, una combinación de rabia y claridad?”

Dentro de la exposición y relato de algunas de las entrevistas y testimonios de los niños, Luiselli también escarba dentro del sistema burocrático y un poco xenofóbico y despectivo en algunos de sus términos, por ejemplo, a las personas que no tienen la Green Card, como era el caso de Valeria, el gobierno les consideraba, “Non-resident aliens”, lo que ella traduce a “Alienígenas sin residencia” o “Extranjeros sin residencia permanente”. Aliens, así son considerados los extranjeros. 

El ensayo se divide en cuatro capítulos, “Frontera”, “Corte”, “Casa” y “Comunidad”, con un muy buen prólogo de Jon Lee Anderson. La primera pregunta que tiene dicho cuestionario es: “¿Por qué viniste a los Estados Unidos?

En uno de los cuestionarios, Luiselli recuerda a un niño que comparaba a Hempstead con Tegucigalpa, de donde había escapado por la violencia y las pandillas que pronto lo reclutarían. Y cómo sus familiares lo mandaron con un intermediario, que los embarca en el viaje peligroso a través de la frontera. Y cómo en Estados Unidos tampoco había encontrado la tranquilidad. Porque Hempstead, es una de las zonas donde han llegado varios inmigrantes mexicanos, entre ellos varios chicos que han formado las mismas bandas delincuenciales de las que huían en Tegucigalpa. El niño le dice a Valeria, que ahora que llegue su hermana tendrá que cuidarla. 

“- Me refiero a ahora que están ya acá mis dos primas y que tengo que cuidarlas.
- ¿Cuidarlas?
- Sí, cuidarlas, porque Hempstead es un hoyo de mierda lleno de pandilleros, igual que Tegucigalpa”. 

También cuenta que varios de ellos, le cuentas su travesía en “La Bestia”. Que es como llaman al tren que une las fronteras de USA con México, y donde se embarcan varios de los inmigrantes. Y cómo tiene una “Oración del migrante”, que dice:

“Partir es un poco morir/ Llegar nunca es llegar definitivo”

Pero además de las notas dolorosas y tristes que cuentas, Valeria también nos da una pequeña luz al final. Y es cómo sus estudiantes universitarios se comprometieron a ayudar en el problema con los inmigrantes en USA. Luiselli cuenta que cuando les daba clases, al principio le empezó hablando de la inmigración y se encontraban apáticos, pero que poco a poco se fueron comprometiendo y crearon una organización para ayudar a los jóvenes y personas en general que llegan, para capacitarlos en ciertas áreas básicas, que le ayudarán mucho en su estancia en USA. Y aquí nos habla del valor de inspirar… especialmente a los jóvenes.  

Y sobre su experiencia en Estados Unidos, dice:

“En Estados Unidos, quedarse es un fin en sí mismo y no un medio: quedarse es el mito fundacional de esta sociedad. En eso nos parecemos todos los que llegamos, sin importar nuestras condiciones previas y circunstancias actuales: todos abrevamos en las aguas de ese mito. Los que llegamos aquí, empezamos, de forma inevitable y quizás irreversible, a querer formar parte del gran teatro de la pertenencia. Vamos desaprendiendo el sistema métrico universal para poder empezar a comprar jamón cocido por libra. Vamos aceptando que la temperatura en que las cosas se congelan no son los cero grados Celsius, sino los treinta y dos Fahrenheit”.

Y nos habla desde su experiencia, como fue el proceso de adaptación, y de los hábitos que fueron cambiando, y lo que se mantuvo. Pero en general, cómo el sentido de identidad sufre cierto efecto, no siempre inalterable. Estados Unidos integra al inmigrante que decide asimilarse, menciona. Hay algunos que después no quieren volver ser quienes eran. Y que eso es algo general que aplica a todas las personas. 

Durante el Hay Festival tuve la oportunidad de entrevistar a Valeria Luiselli, y me mencionó una sorpresa que no sabía, y es que su próxima novela, que saldrá pronto, se llamará: “Los archivos de los niños perdidos”, donde tomará esta misma experiencia de este ensayo y desarrolló una novela. En una charla, en el Hay Festival también, sobre las autoras favoritas clásicas y contemporáneas, Vásquez mencionó a Luiselli, y volvió a mencionar la primicia del nuevo libro, y además leyó un fragmento. Y tiene muy buena pinta. 

En una de las preguntas, Valeria recuerda:

“¿Por qué viniste? Le pregunté a una niña
Porque quería llegar.
La misma escritora trata responder la pregunta."




Acá dejo mi reseña de otros libros de Valeria Luiselli:

Papeles Falsos (Valeria Luiselli)

La Historia de mis Dientes (Valeria Luiselli)





Alejandro Salgado Baldovino (A.S.B)


jueves, 18 de enero de 2018

La historia de mis dientes (Valeria Luiselli)

Valeria Luiselli



Segunda novela de la joven y talentosa escritora mexicana Valeria Luiselli. “La historia de mis dientes” es una novela sencilla y minimalista, que cuenta la historia de Gustavo Sánchez Sánchez (Carretera), un hombre singular que tiene una vida sencilla pero que vista desde su también particular perspectiva, se convierte en una odisea y una gran aventura. Como de hecho se encuentra estructurada gran parte de la primera parte de la narración, se convierte en una experiencia curiosa, luminosa, divertida y estimulante. Carretera, cuenta la historia de su vida a través de sus dientes.

Luiselli demuestra nuevamente su gran talento para la prosa, para hilar historias, incluso la de este hombre común, que le permiten recorrer espacios, tradiciones y el lenguaje popular de su natal México. Su sentido del humor, su capacidad de adaptar el lenguaje y la narración a distintos niveles, sus referencias personales, y las referencias históricas y culturales, que nunca faltan en sus escritos, demuestran su increíble agudeza.

Incluso por su título, da la sensación de un libro pequeño, curioso y particular, pero hecho con detalle, precisión y corazón. Especialmente con ese hermoso capítulo final, lleno de fotos, que a la vez están acompañadas de citas de grandes personajes y escritores. Fotos que retratan los lugares que hemos visitado anteriormente en la lectura. Lo que en cierta forma le da un carácter documental a la obra. Una bella crónica novelada. Un ensayo sobre lo cotidiano. Y un perfil de una pequeña y gran vida. 

También hay fragmentos en donde Luiselli habla de sí misma y su adolescencia, al referirse a sí misma como la “casi señorita” Valeria Luiselli, en otro de los apartes donde hace una referencia a distintos personajes. Porque de hecho, su personaje, Carretera, se dedica a vender objetos, subastarlos, entre ellos los dientes de personajes famosos. Pero más que los objetos, lo que Carretera vendía, eran las historias detrás de esos objetos, de esos dientes y sus dueños originales. Y eso también hace Luiselli, una estupenda narradora. 

Si el personaje de Carretera es el narrador en la primera parte y gran parte de la segunda mitad del libro, entre los breves capítulos que son informativos, y pequeños intermedios, es Luiselli quien retoma la voz narradora para exponer otras ideas, personalidades y perfiles. Y en su tramo final la voz narradora la toma el biógrafo de Carretera, a quien conoce al final de su vida, y pide que cuente su historia… que sería otro personaje donde la autora se camufla.  

Pero Luiselli es la hábil narradora detrás de este bello y extraño pero estimulante relato. Además de gran narradora, muestra su pasión por la literatura y las artes en sí, por su interés en la gente, en la historia, en los detalles, en los territorios, y los espacios de convergencia donde varios de estos elementos se unen y crean nuevos espacios y universos. Es una exploradora, es una carpintera y una albañil de las letras. Un tesoro de las letras de la que aún tenemos muchas cosas por leer… afortunadamente.



Acá dejo mi reseña de otro libro de Valeria Luiselli, su primer libro de ensayos:

Papeles Falsos (Valeria Luiselli)






viernes, 12 de enero de 2018

Three Billboards Outside Ebbing, Missouri (Martin McDonagh) y Flannery O'Connor

Martin McDonagh


Una de las cosas que llamó mi atención inmediatamente en las primeras escenas de esta película, es cuando Mildred Hayes se dirige hacia la empresa de publicidad, responsable de las vallas a las afueras de Ebbing, y su director, Red Welby se encuentra leyendo un libro muy interesante. "A Good Man Is Hard to Find" de Flannery O'Connor, una de las escritoras y damas del sur de la literatura norteamericana más brillantes y mordaces.



Flannery O´Connor



Y ese relato es uno de sus más emblemáticos y despiadados, y nos devela un adelanto de la película que empezamos a ver. La película más reciente del director, dramaturgo y guionista Martin McDonagh, es precisamente como el relato de O'Connor, una película mordaz, una “comedia” dramática negrísima, que tiene el ambiente y los personajes característicos de la literatura de O'Connor y de otra gran dama del sur, como Carson MacCullers, y que también es el estilo que el mismo director y dramaturgo se ha ido creando, y con esta película ha alcanzado su punto cumbre. (Pueden encontrar el relato al final del post)



Flannery O´Connor


La película cuenta la historia de Mildred Hayes (Frances McDormand), una mujer de 50 años cuya hija ha sido asesinada, por lo que decide iniciar por su cuenta una guerra contra la policía de su pueblo al creer que están más interesados en torturar a los afroamericanos que en hacer justicia, por lo que instala en tres grandes vallas a las afueras de la ciudad, una serie de frases que perturban a la policía local. Si tengo que resaltar algo, tendría que ser TODO. Su dirección, su fotografía, su ambientación, su GUIÓN es inmenso, perfectamente estructurado, impecable y detallista.



Martin McDonagh


Y mención aparte para sus actores, quienes todos están brillantes, destacando a Peter Dinklage, John Hawkes, Caleb Landry Jones, Lucas Hedges, y especialmente a tres gigantes actores, Woody Harrelson, Sam Rockwell y Frances McDormand. Se apropian de sus papeles, de sus diálogos, y absolutamente todo funciona. Es humana, es trágica, es violenta, es sarcástica, es crítica e impecablemente realizada. Entró en mi Top 10 de lo mejor del 2017. Y es una de esas películas que cuando terminé de verla, en la oscuridad de mi cuarto, no me pude contener en aplaudir. Acaba de ganar el Globo de Oro a Mejor Película Drama, y es fuerte candidata al Oscar. Y me encanta que sea una película con tanto interés en el texto y en la literatura.  

Y a propósito del cuento de Flannery O'Connor, dejo dos frases para que se animen a leerlo. Es de mis favoritos:

—Habría sido una buena mujer —dijo el Desequilibrado— si hubiera tenío a alguien cerca que le disparara cada minuto de su vida.


—Cállate, Bobby Lee —dijo el Desequilibrado—. No hay verdadero placer en la vida.




Frases y Diálogos de la película 



Y ahora comparto el relato completo de Flannery O'Connor:






Un hombre bueno es difícil de encontrar

Por Flannery O`Connor



La abuela no quería ir a Florida. Quería visitar a algunos de sus conocidos en el este de Tennessee y no perdía oportunidad para intentar que Bailey cambiase de opinión. Bailey era el hijo con quien vivía, el único varón que tuvo. Estaba sentado en el borde de la silla, a la mesa, reclinado sobre la sección deportiva del Journal.
—Mira esto, Bailey —dijo ella—, mira esto, léelo.
Y se puso en pie, con una mano en la delgada cadera mientras con la otra golpeaba la cabeza calva de su hijo con el periódico.
—Aquí, ese tipo que s'hace llamar el Desequilibrado s'ha escapao de la Penitenciaría Federal y se encamina a Florida, lee aquí lo que hizo a esa gente. Léelo. Yo no llevaría a mis hijos a ninguna parte con un criminal d'esa calaña suelto por ahí. No podría acallar mi conciencia si lo hiciera.
Bailey no levantó la cabeza, así que la abuela dio media vuelta y se dirigió a la madre de los niños, una mujer joven en pantalones, cuya cara era tan ancha e inocente como un repollo, con un pañuelo verde atado con dos puntas en lo alto de la cabeza, como orejas de conejo. Estaba sentada en el sofá, alimentando al bebé con albaricoques que sacaba de un tarro.
—Los niños y'han estao en Florida —dijo la anciana señora—. Deberías llevarlos a otro sitio pa variar, así verían otras partes del mundo y aprenderían otras cosas. Nunca han ido al este de Tennessee.
La madre de los niños no pareció oírla, pero el de ocho años, John Wesley, un niño robusto con anteojos, dijo:
—Si no quieres ir a Florida, ¿por qué no te quedas en casa? Él y su hermanita, June Star, estaban leyendo las páginas de entretenimiento en el suelo.
—No se quedaría en casa aunque la nombraran reina por un día —dijo June Star sin levantar su cabeza amarilla.
—¿Y qué harían si este hombre, el Desequilibrado, los agarrara? —preguntó la abuela.
—Le daría un puñetazo en la cara —respondió John Wesley. —No se quedaría en casa ni por un millón de dólares —afirmó June Star—. Teme perderse algo. Tiene que ir a donde vayamos.
—Muy bien, señorita —dijo la abuela—. Acuérdate d'eso la próxima vez que me pidas que te ondule el pelo.
June Star dijo que sus rizos eran naturales.
A la mañana siguiente la abuela fue la primera en subir al coche, lista para partir. A un costado dispuso su gran bolsa de viaje negra que parecía la cabeza de un hipopótamo y debajo de ella escondía una cesta con Pitty Sing, el gato, en el interior. No tenía la menor intención de dejar solo al gato durante tres días, porque este la echaría mucho de menos y ella temía que se frotara con la llave del gas y se asfixiara por accidente. A su hijo, Bailey, no le gustaba llevar un gato a un motel.
Se sentó en el centro del asiento trasero, con John Wesley y June Star a cada lado. Bailey, la madre de los niños, y el bebé se sentaron adelante. Y así salieron de Atlanta, a las ocho y cuarenta y cinco, con el cuentakilómetros del coche en 89.927. La abuela lo anotó, porque pensó que sería interesante decir cuántos kilómetros habían hecho cuando regresaran. Tardaron veinte minutos en llegar a las afueras de la ciudad.
La anciana se sentó cómodamente, se quitó los guantes de algodón y los dejó con su bolso en la repisa de la ventanilla de atrás. La madre de los niños aún llevaba los pantalones y la cabeza atada con el pañuelo verde; la abuela, en cambio, llevaba un sombrero de paja azul marino con un ramillete de violetas blancas en el ala y un vestido azul marino con pequeños lunares blancos. El cuello y los puños eran de organdí blanco adornado con encaje, y en el cuello se había prendido un ramillete de violetas de tela de color púrpura perfumado. En caso de accidente, cualquiera que la viera muerta en la carretera sabría al instante que era una dama.
Dijo que pensaba que sería un buen día para conducir, pues no hacía demasiado calor ni demasiado frío, y advirtió a Bailey que el límite de velocidad era de ochenta kilómetros por hora, que los coches patrulla se escondían detrás de carteles publicitarios y de pequeños grupos de árboles y que podían salir disparados en su persecución sin darle tiempo a aminorar la marcha. Señaló los detalles interesantes del paisaje: la montaña Stone, el granito azul que en algunos lugares asomaba a ambos lados de la carretera, las lomas de brillante arcilla roja ligeramente rayadas de púrpura, y las mieses que trazaban líneas de encaje verde sobre el terreno. Los árboles estaban llenos de la luz blanca y plateada del sol y hasta los más míseros destellaban. Los chicos leían tebeos y su madre se había dormido.
—Pasemos Georgia a toda velocidad, así no tendremos que verla mucho —dijo John Wesley.
—Si yo fuera un niño —dijo la abuela—, no hablaría d'esa manera de mi estado natal. Tennessee tiene montañas y Georgia, colinas.
—Tennessee n'es más que un muladar lleno de pueblerinos y Georgia es también un estado asqueroso.
—Tú l'has dicho —dijo June Star.
—En mis tiempos —dijo la abuela entrecruzando los dedos, delgados y venosos—, los niños tenían más respeto por su estado natal y por sus padres y por to lo demás. La gente era buena entonces. ¡Oh, mirar qué negrito más mono! —Y señaló a un niño negro plantado ante la puerta de una choza—. Qué estampa más bonita, ¿verdá?
Todos se volvieron para mirar al negrito por la luneta trasera. Él saludó con la mano.
—Ese chico no llevaba pantalones —observó June Star.
—Probablemente no tiene —explicó la abuela—. Los negritos del campo no tienen las cosas que nosotros tenemos. Si supiera pintar, pintaría ese cuadro.
Los niños intercambiaron sus historietas.
La abuela se ofreció a tomar al bebé y la madre de los chicos se lo pasó por encima del asiento delantero. La abuela lo sentó sobre sus rodillas y le hizo el caballito y le explicó lo que se veía por la ventanilla. Puso los ojos en blanco, frunció los labios y apretó su cara delgada y curtida contra la piel blanda y suave. De vez en cuando, el bebé le dedicaba una sonrisa distraída. Pasaron junto a un vasto campo de algodón con cinco o seis tumbas en medio, rodeadas de un cerco, como una isla pequeñita.
—¡Mirar el camposanto! —dijo la abuela señalándolo—. Era el antiguo camposanto de la familia. Pertenecía a la plantación.
—¿Dónde está la plantación? —preguntó John Wesley.
—El viento se la llevó —dijo la abuela—. Ja, ja.
Cuando los chicos terminaron de leer todos las historietas que habían llevado, abrieron la caja del almuerzo y se lo comieron. La abuela comió un bocadillo de mantequilla de cacahuete y una aceituna, y no permitió que los chicos arrojasen la caja y las servilletas de papel por la ventanilla. Cuando no tuvieron otra cosa que hacer, se pusieron a jugar; elegían una nube y los otros tenían que adivinar qué forma sugería. John Wesley eligió una con forma de vaca y June Star adivinó la vaca y John Wesley dijo: «No, un coche», y June Star dijo que hacía trampas y comenzaron a pegarse por encima de la abuela.
La abuela dijo que les contaría un cuento si se quedaban calladitos. Cuando contaba un cuento, ponía los ojos en blanco, movía la cabeza y era muy histriónica. Contó que una vez, cuando era jovencita, la había cortejado un tal señor Edgar Atkins Teagarden, de Jasper, Georgia. Dijo que era un hombre muy apuesto y un caballero, y que todos los sábados por la tarde le llevaba una sandía con sus iniciales grabadas, E. A. T. Pues bien, un sábado por la tarde, el señor Teagarden llevó la sandía y no había nadie en la casa; la dejó en el porche de entrada y volvió a Jasper en su calesa, pero ella nunca vio la sandía, explicó, porque un chico negro se la comió cuando vio las iniciales, E. A. T.: come. A John Wesley le hizo mucha gracia la historia y reía y reía, pero June Star opinó que no tenía nada de gracioso. Dijo que nunca se casaría con un hombre que sólo le trajera una sandía los sábados. La abuela dijo que habría hecho muy bien en casarse con el señor Teagarden, porque era un caballero y había comprado acciones de Coca-Cola cuando salieron al mercado y había muerto, hacía unos pocos años, muy rico.
Se detuvieron en The Tower para tomar unos bocadillos calientes. The Tower era una gasolinera y sala de baile, en parte de estuco y en parte de madera, en un claro en las afueras de Timothy. Lo regentaba un hombre gordo llamado Red Sammy Butts, y había letreros aquí y allá sobre el edificio y a lo largo de varios kilómetros de la carretera que rezaban: 
PRUEBA LA FAMOSA BARBACOA DE RED SAMMY. ¡NADA IGUALA AL FAMOSO RED SAMMY! EL GORDO DE LA SONRISA FELIZ. ¡UN VETERANO! ¡RED SAMMY ES EL HOMBRE QUE NECESITAS!
Red Sammy estaba tendido en el suelo fuera de The Tower con la cabeza bajo una camioneta, mientras un mono gris de unos treinta centímetros de altura, encadenado a un árbol del paraíso pequeño, chillaba cerca. El mono saltó hacia el arbolito y se encaramó a la rama más alta apenas vio a los chicos apearse del coche y correr hacia él.
El interior de The Tower era una larga habitación oscura con una barra en un extremo y mesas en el otro y una pista de baile en medio. Todos se sentaron a una mesa cerca de la máquina de discos y la esposa de Red Sam, una mujer alta y bronceada con ojos y cabellos más claros que la piel, llegó y tomó nota de lo que querían. La madre de los chicos insertó una moneda en la máquina y se pudo escuchar el «Vals de Tennessee», y la abuela dijo que esa melodía siempre le daba ganas de bailar. Preguntó a Bailey si quería bailar, pero él tan sólo la miró. No era de natural alegre como ella y los viajes lo ponían nervioso. Los ojos marrones de la abuela resplandecían. Movió la cabeza de un lado a otro e hizo como si bailara en la silla. June Star dijo que pusieran algo para que ella pudiera bailar claqué. Entonces la madre de los niños metió otra moneda y eligió una pieza más movida; June Star saltó a la pista de baile y bailó el claqué de costumbre.
—¡Qué graciosa! —exclamó la mujer de Red Sam, inclinada sobre la barra—. ¿Te gustaría quedarte aquí y ser mi pequeñita?
—Claro que no —contestó June Star—. No viviría en un lugar medio en ruinas como este ni por un millón de dólares. Y salió corriendo hacia la mesa.
—¡Qué graciosa! —repitió la mujer, estirando la boca con amabilidad.
—¿No te da vergüenza? —susurró la abuela.
Red Sam entró y le dijo a su mujer que dejara de holgazanear en la barra y que se apresurara a servir a esa gente. Los pantalones caquis le llegaban hasta las caderas y la barriga le caía sobre ellos como un saco de comida bamboleante bajo la camisa. Se acercó y se sentó a una mesa cercana; emitió una mezcla de suspiro y gritito en falsete.
—No hay manera. No hay manera —dijo, y se secó la cara sudorosa y roja con un pañuelo gris—. En estos tiempos que corren, no se sabe en quién confiar. ¿No es verdá?
—Desde luego, la gente ya no es como antes —sentenció la abuela.
—La semana pasada vinieron aquí dos tipos —explicó Red Sammy— que conducían un Chrysler. Un coche muy baqueteado pero bueno, y los muchachos me parecieron decentes. Dijeron que trabajaban en el molino y ¿saben que les permití poner en la cuenta la gasolina que compraron? ¿Por qué hice yo semejante cosa?
—¡Porque usté es un hombre bueno! —contestó de inmediato la abuela.
—Bueno, supongo que es así —dijo Red Sammy como si su respuesta lo hubiera dejado atónito.
La mujer sirvió lo que habían pedido. Llevaba los cinco platos al mismo tiempo sin usar bandeja, dos en cada mano y uno en equilibrio sobre el brazo.
—No hay una sola alma en este mundo de Dios en la que se pueda confiar —dijo—. Y yo no excluyo a nadie de la lista, a nadie —afirmó mirando a Red Sammy.
—¿Han leído algo sobre ese criminal, el Desequilibrado, que se escapó? —preguntó la abuela.
—No me sorprendería na que llegase a atacar este lugar —dijo la mujer—. Si oye lo qu'hay aquí, no me sorprendería verlo. Si se entera de que hay dos centavos en la caja, no me sorprendería que...
—Basta —dijo Red Sam—. Trae las Coca-Colas a esta gente. Y la mujer se retiró a buscar el resto del pedido.
—Un hombre bueno es difícil d'encontrar —dijo Red Sammy—. Las cosas s'están poniendo cada vez más feas. Yo m'acuerdo de qu'antes podías salir sin echar el cerrojo a la puerta. Eso s'acabó.
Él y la abuela hablaron de tiempos mejores. La anciana dijo que en su opinión Europa tenía la culpa de la situación actual. Dijo que por la manera en que actuaba Europa se podía llegar a pensar que estábamos hechos de dinero, y Red Sammy dijo que no valía la pena hablar de eso y que tenía toda la razón. Los chicos salieron corriendo a la luz blanca del sol y observaron al mono encadenado al árbol. Estaba entretenido quitándose pulgas y las mordía una a una como si se tratase de un bocado exquisito.
De nuevo partieron en la tarde calurosa. La abuela dormitaba y se despertaba a cada rato con sus propios ronquidos. En las afueras de Toombsboro se despertó y se acordó de una vieja plantación que había visitado en los alrededores una vez, cuando era joven. Dijo que la mansión tenía seis columnas blancas en el frente y que había una avenida de robles que conducía hasta la casa y dos pequeñas glorietas con enrejado de madera donde te sentabas con tu pretendiente después de pasear por el jardín. Recordaba con exactitud por qué carretera había que doblar para llegar allí. Sabía que Bailey no estaría dispuesto a perder el tiempo viendo una casa vieja, pero cuanto más hablaba de ella más ganas tenía de volver a verla y comprobar si las dos pequeñas glorietas seguían en pie.
—Había un panel secreto en la casa —afirmó astutamente, sin decir la verdad pero deseando que lo fuera—, y se contaba que toda la plata de la familia estaba escondida allí cuando llegó Sherman, pero nunca la encontraron...
—¡Eeeh! —dijo John Wesley—. ¡Vamos a verlo! ¡L'encontraremos nosotros! ¡Lo registraremos to y l'encontraremos! ¿Quién vive allí? ¿Dónde hay que girar? Eh, papá, ¿no podemos girar allí?
—¡Nunca hemos visto una casa con un panel secreto! —chilló June Star—. ¡Vayamos a la casa con el panel secreto! Eh, papá, ¿no podemos ir a ver la casa con el panel secreto?
—No está lejos d'aquí, lo sé —aseguró la abuela—. No tardaríamos más de veinte minutos.
Bailey miraba al frente. Tenía la mandíbula tan rígida como la herradura de un caballo.
—No —dijo.
Los chicos comenzaron a alborotar y a gritar que querían ver la casa con el panel secreto. John Wesley la emprendió a patadas contra el respaldo del asiento delantero, y June Star se colgó del hombro de su madre y le gimoteó desesperada al oído que nunca se divertían, ni siquiera en vacaciones, que nunca les dejaban hacer lo que querían. El bebé empezó a llorar y John Wesley pateó el respaldo del asiento con tal fuerza que su padre notó los golpes en los riñones.
—¡Muy bien! —gritó, y aminoró la marcha hasta parar a un costado de la carretera—. ¿Quieren cerrar la boca? ¿Quieren cerrar la boca un minuto? Si no se callan, no iremos a ningún lado.
—Sería muy educativo pa ellos —murmuró la abuela.
—Muy bien —dijo Bailey—, pero métanse esto en la cabeza: es la única vez que vamos a parar por algo así. La primera y la última.
—El camino de tierra donde debes doblar queda dos kilómetros atrás —observó la abuela—. Lo vi cuando lo pasamos.
—Un camino de tierra —gruñó Bailey.
Después de dar la vuelta en dirección al camino de tierra, la abuela recordó otros detalles de la casa, el hermoso vidrio sobre la puerta de entrada y la lámpara de velas en el recibidor. John Wesley dijo que el panel secreto probablemente estaría en la chimenea.
—No se puede entrar en esa casa —dijo Bailey—. No sabemos quién vive allí.
—Mientras ustedes hablan con la gente delante de la casa, yo correré hacia la parte d'atrás y entraré por una ventana —propuso John Wesley.
—Nos quedaremos todos en el coche —dijo la madre.
Doblaron por el camino de tierra y el coche avanzó a tropezones en un remolino de polvo colorado. La abuela recordó los tiempos en que no había carreteras pavimentadas y hacer cincuenta kilómetros representaba un día de viaje. El camino de tierra era abrupto y súbitamente se encontraban con charcos y curvas cerradas en terraplenes peligrosos. Tan pronto se hallaban en lo alto de una colina, desde donde se dominaban las copas azules de los árboles que se extendían a lo largo de kilómetros, como en una depresión rojiza dominada por los árboles cubiertos de una capa de polvillo.
—Mejor será que aparezca ese lugar antes de un minuto —dijo Bailey—, o daré la vuelta.
Daba la impresión de que nadie había pasado por aquel camino desde hacía meses.
—No falta mucho —comentó la abuela, y apenas lo hubo dicho cuando tuvo un pensamiento horrible. Le produjo tal vergüenza que la cara se le puso colorada y se le dilataron las pupilas y sus pies dieron un salto, de modo que movieron la bolsa de viaje en el rincón. En el momento en que se movió la bolsa, el periódico que había colocado sobre la cesta se levantó con un maullido y Pitty Sing, el gato, saltó sobre el hombro de Bailey.
Los chicos cayeron al suelo y su madre, con el bebé en brazos, salió disparada por la portezuela y se desplomó en la tierra; la vieja dama se vio arrojada hacia el asiento delantero. El automóvil dio una vuelta y aterrizó sobre el costado derecho, en una zanja al lado del camino. Bailey se quedó en el asiento del conductor con el gato —de rayas grises, cara blanca y hocico naranja— todavía agarrado al cuello como una oruga.
Tan pronto como los chicos se dieron cuenta de que podían mover los brazos y las piernas, salieron arrastrándose del coche y gritaron: «¡Hemos tenío un accidente!». La abuela estaba hecha un ovillo bajo el salpicadero y esperaba estar tan malherida que la furia de Bailey no cayera sobre ella. El pensamiento terrible que había tenido antes del accidente era que la casa que recordaba tan vívidamente, no estaba en Georgia, sino en Tennessee.
Bailey se quitó el gato del cuello con las manos y lo arrojó por la ventanilla contra el tronco de un pino. Luego salió del coche y empezó a buscar a la madre de los chicos. Estaba sentada en la cuneta, con el chico, que no paraba de llorar, en brazos, pero sçolo había sufrido un corte en la cara y tenía un hombro roto. «¡Hemos tenío un accidente!», gritaban los chicos en un delirio de felicidad.
—Pero nadie se ha muerto —señaló june Star con cierta desilusión, mientras la abuela salía rengueando del coche, con el sombrero todavía prendido a la cabeza pero el encaje delantero roto y levantado en un airoso ángulo y el ramito de violetas caído a un costado.
Se sentaron todos en la cuneta, excepto los chicos, para recobrarse de la conmoción. Estaban todos temblando.
—Tal vez pase algún coche —dijo la madre de los niños con voz ronca.
—Creo que m'hecho daño en algún órgano —comentó la abuela apretándose el costado, pero nadie le prestó atención.
A Bailey le castañeteaban los dientes. Llevaba una camisa amarilla de sport, con un estampado de loros en un azul vivo y tenía la cara tan amarilla como la camisa. La abuela decidió no comentar que la casa en cuestión estaba en Tennessee.
La carretera quedaba unos tres metros más arriba y sólo podían ver las copas de los árboles al otro lado. Detrás de la cuneta donde estaban sentados había más árboles, altos, oscuros y graves. A los pocos minutos divisaron un coche a cierta distancia, en lo alto de una colina; avanzaba lentamente como si sus ocupantes los estuvieran observando. La abuela se puso en pie y agitó los brazos dramáticamente para atraer su atención. El automóvil continuó avanzando con lentitud, desapareció en un recodo y volvió a aparecer, rodando aún más despacio, sobre la colina por la que ellos habían pasado. Era un vehículo grande y baqueteado, parecido a un coche fúnebre. Había tres hombres dentro.
Se detuvo justo a su lado y durante unos minutos el conductor miró fija e inexpresivamente hacía donde estaban sentados, sin decir palabra. Luego volvió la cabeza, susurró algo a los otros dos y se apearon. Uno era un muchacho gordo con pantalones negros y una sudadera roja con un semental plateado estampado delante. Caminó, se colocó a la derecha del grupo y se quedó mirándolos con la boca entreabierta en una floja sonrisa burlona. El otro llevaba pantalones color caqui, una chaqueta de rayas azules y un sombrero gris echado hacia delante que le tapaba casi toda la cara. Se acercó despacio por la izquierda. Ninguno de los dos habló.
El conductor salió del coche y se quedó junto a él mirándolos. Era mayor que los otros. Su pelo empezaba a encanecer y llevaba unas gafas con montura plateada que le daban aspecto académico. Tenía el rostro largo y arrugado, y no llevaba camisa ni camiseta. Vestía unos tejanos que le quedaban demasiado ajustados y llevaba en la mano un sombrero y una pistola. Los dos muchachos llevaban pistolas.
—¡Hemos tenío un accidente! —gritaron los niños.
La abuela tuvo la extraña sensación de que conocía al hombre de las gafas. Le sonaba tanto su cara que era como si le hubiera conocido de toda la vida, pero no lograba recordar quién era. Él se alejó del coche y empezó a bajar por el terraplén dando los pasos con sumo cuidado para no resbalar. Calzaba zapatos blancos y marrones y no llevaba calcetines; sus tobillos eran flacos y rojos.
—Buenas tardes —dijo—. Veo que han tenío un accidente de na.
—¡Hemos dao dos vueltas de campana! —dijo la abuela.
—Una —corrigió él—. Lo hemos visto. Hiram, prueba el coche a ver si funciona —indicó en voz baja al muchacho del sombrero gris.
—¿Pa qué lleva esa pistola? —preguntó John Wesley—. ¿Qué va hacer con ella?
—Señora —dijo el hombre a la madre de los chicos—, ¿le importaría decirles a esos chicos que se sienten a su lao? Los niños me ponen nervioso. Quiero que se queden sentados juntos.
—¿Quién es usté pa decirnos lo que debemos hacer? —preguntó June Star.
Detrás de ellos, la línea de los árboles se abrió como una oscura boca.
—Vengan aquí —dijo la madre.
—Verá usted —dijo Bailey de pronto—, estamos en un apuro. Estamos en...
La abuela soltó un chillido. Se levantó trabajosamente y lo miró de hito en hito.
—¡Usté es el Desequilibrado! ¡Lo he reconocío na más verlo!
—Sí, señora —dijo el hombre, que sonrió levemente como si estuviera satisfecho a pesar de que lo hubieran reconocido—, pero habría sido mejor pa todos ustedes, señora, que no me hubiese reconocío.
Bailey volvió la cabeza bruscamente y dijo a su madre algo que dejó atónitos hasta a los niños. La anciana se echó a llorar y el Desequilibrado se ruborizó.
—Señora —dijo—, no se disguste. A veces un hombre dice cosas que no piensa. No creo qu'haya querido hablarle d'esa manera.
—Tú no dispararías a una dama, ¿verdá? —dijo la abuela, que se sacó un pañuelo limpio del puño y empezó a secarse los ojos.
El Desequilibrado clavó la punta del zapato en el suelo, hizo un pequeño hoyo y luego lo tapó de nuevo.
—No me gustaría na tener qu'hacerlo.
—Escucha —dijo la abuela casi a gritos—, sé qu'eres un buen hombre. No pareces tener la misma sangre que los demás. ¡Sé que debes de venir d'una buena familia!
—Sí, señora —afirmó él—, la mejor del mundo. —Cuando sonreía mostraba una hilera de fuertes dientes blancos—. Dios nunca creó a una mujer mejor que mi madre, y papá tenía un corazón d'oro puro.
El muchacho de la sudadera roja se había colocado detrás de ellos con la pistola en la cadera. El Desequilibrado se acuclilló.
—Vigila a los niños, Bobby Lee —dijo—. Sabes que me ponen nervioso.
Miró a los seis apiñados ante él y dio la impresión de estar incómodo, como si no se le ocurriera qué decir.
—No hay ni una nube en el cielo —comentó alzando la vista—. No se ve el sol, pero tampoco hay nubes.
—Sí, es un día hermoso —dijo la abuela—. Escucha, no te tendrías que apodar el Desequilibrado, porque yo sé que en el fondo eres un hombre bueno. Con solo mirarte ya me doy cuenta.
—¡Calla! —gritó Bailey—. ¡Calla! ¡Cállense todos y déjenme a mí arreglar esto! —Estaba en cuclillas como un atleta a punto de iniciar la carrera, pero no se movió.
—Muchas gracias, señora —dijo el Desequilibrado, y dibujó un circulito con la culata de la pistola.
—Tardaremos una media hora en arreglar el coche —avisó Hiram mirando por encima del capó abierto.
—Bueno, primero tú y Bobby Lee lleven a él y al niño allá —dijo el Desequilibrado señalando a Bailey y a John Wesley—. Los muchachos quieren preguntarle algo —explicó a Bailey—. ¿Le importaría acompañarlos hasta el bosque?
—Escuche —comenzó Bailey—, ¡estamos en un gran aprieto! Nadie se da cuenta de lo qu'es esto. —Y se le quebró la voz. Tenía los ojos tan azules y brillantes como los loros de su camisa, y se quedó absolutamente inmóvil.
La abuela levantó la mano para ponerse bien el ala del sombrero como si fuera al bosque con él, pero se le desprendió entre los dedos. Se quedó mirándola y después de un segundo la dejó caer al suelo. Hiram levantó a Bailey tomándolo del brazo como si estuviera ayudando a un anciano. John Wesley agarró la mano de su padre y Bobby Lee se colocó detrás de ellos. Se encaminaron hacia el bosque y, cuando llegaron al borde oscuro, Bailey se dio la vuelta y, apoyándose contra el tronco gris y pelado de un pino, gritó:
—¡Estaré de vuelta en un minuto, espérame, mamá!
—¡Vuelve ahora mismo! —exclamó la abuela, pero todos desaparecieron en el bosque—. ¡Bailey, hijo! —gritó con voz trágica, pero se encontró con que estaba mirando al Desequilibrado, que estaba acuclillado delante de ella—. Sé muy bien qu'eres un hombre bueno —le dijo con desesperación—. ¡No eres una persona corriente!
—No, no soy un hombre bueno —repuso el Desequilibrado un instante después, como si hubiera considerado su afirmación con sumo cuidado—, pero tampoco soy lo peor del mundo. Mi viejo decía que yo era un perro de raza diferente de la de mis hermanos y hermanas. «Mira —decía mi viejo—, hay algunos que pueden vivir toa su vida sin preguntarse por qué y otros que tienen que saber el porqué, y este muchacho es d'estos últimos. ¡Va estar en to!»
Se puso el sombrero y súbitamente alzó la mirada y la dirigió hacia el bosque como si de nuevo se sintiera incómodo.
—Perdonen qu'esté sin camisa delante de ustedes, señoras —añadió encorvando un poco los hombros—. Enterramos la ropa que teníamos cuando escapamos y nos apañamos con lo que tenemos hasta que consigamos algo mejor. Esta ropa nos la prestaron unos tipos que encontramos.
—No pasa na —observó la abuela—. Tal vez Bailey tenga otra camisa en su maleta.
—Luego la buscaré —dijo el Desequilibrado.
—¿Adónde se lo están llevando? —gritó la madre de los niños.
—Papá era un gran tipo —dijo el Desequilibrado—. No había quien l'engañara. Pero nunca tuvo problemas con las autoridades. Tenía l'habilidá de saber tratarlos.
—Tú podrías ser honrado si te lo propusieras —afirmó la abuela—. Piensa en lo bonito que sería establecerse en algún sitio y vivir cómodamente sin que nadie t'estuviera persiguiendo to el tiempo.
El Desequilibrado escarbaba en el suelo con la culata de la pistola como si estuviera reflexionando sobre estas palabras.
—Sí, siempre hay alguien persiguiéndote —murmuró.
La abuela reparó en cuán delgados eran sus omóplatos detrás del sombrero, porque estaba de pie y lo miraba desde arriba.
—¿Rezas alguna vez? —preguntó.
Él negó con la cabeza. Ella sólo vio cómo el sombrero negro se movía entre sus omóplatos.
—No.
Sonó un disparo de pistola en el bosque, seguido de inmediato por otro. Luego, silencio. La cabeza de la anciana dio una sacudida. Oyó cómo el viento se movía entre las copas de los árboles como una larga inspiración satisfecha.
—¡Bailey, hijo! —gritó.
—Durante un tiempo fui cantante de gospel —explicó el Desequilibrado—. He sido casi to. Serví en el Ejército de Tierra y en la Marina, aquí y en el extranjero. Me casé dos veces, trabajé de sepulturero, trabajé en los ferrocarriles, aré la madre tierra, presencié un tornado, una vez vi quemar vivo un hombre. —Y miró a la madre de los chicos y a la niña, que estaban sentadas muy juntas, con la cara blanca y los ojos vidriosos—. Hasta he visto azotar a una mujer.
—Reza, reza —empezó a repetir la abuela—, reza, reza...
—No era un chico malo por lo que recuerdo —prosiguió el Desequilibrado con voz casi soñadora—, pero en algún momento hice algo malo y m'enviaron a la penitenciaría. M'enterraron vivo.
Miró hacia arriba y mantuvo la atención de la abuela con una mirada fija.
—Fue entonces cuando deberías haber comenzado a rezar —dijo ella—. ¿Qu'hiciste pa que te enviaran a la penitenciaría la primera vez?
—Doblabas a la derecha y había una pared —explicó el Desequilibrado con la mirada alzada hacia el cielo sin nubes—. Doblabas a la izquierda y había una pared. Mirabas arriba y estaba el techo, mirabas abajo y estaba el suelo. Olvidé lo qu'había hecho, señora. Me quedaba sentado allí tratando de recordar lo qu'había hecho y, hasta el día de hoy, no lo recuerdo. De vez en cuando pensaba que lo recordaría, pero no fue así.
—Tal vez t'encerraron por error —apuntó la anciana. —No —dijo él—. No hubo error. Había pruebas contra mí. —Tal vez robaste algo.
El Desequilibrado soltó una risita burlona.
—Nadie tenía na que yo quisiese. Un jefe de médicos de la penitenciaría dijo que lo que yo había hecho fue matar a mi padre, pero sé que es mentira. Mi viejo murió en mil novecientos diecinueve de la epidemia de gripe y yo nunca tuve na que ver con eso. L'enterraron en el cementerio de la iglesia baptista de Mount Hopewell y usté puede ir y verlo por sí misma.
—Si rezaras —dijo la anciana—, Cristo te ayudaría.
—Así es.
—Entonces, ¿por qué no rezas? —preguntó ella, temblando de súbita alegría.
—No quiero ninguna ayuda. Solo, las cosas me van bien.
Bobby Lee y Hiram regresaron del bosque con paso lento. Bobby Lee arrastraba una camisa amarilla con loros azules estampados.
—Tírame esa camisa, Bobby Lee —dijo el Desequilibrado.
La camisa llegó volando, aterrizó en su hombro y se la puso. La abuela no podía pensar en lo que le hacía recordar esa camisa.
—No, señora —prosiguió el Desequilibrado mientras se abrochaba los botones—, comprendí que el delito da igual. Puedes hacer una cosa o hacer otra, matar a un hombre o quitarle una rueda del coche, porque tarde o temprano t'olvidas de lo qu'has hecho y simplemente te castigan por ello.
La madre de los chicos comenzó a emitir sonidos entrecortados, como si no pudiese respirar.
—Señora —dijo él—, ¿podrían usted y la pequeña acompañar a Hiram y a Bobby Lee hasta donde está su esposo?
—Sí, gracias —dijo la madre débilmente. Su brazo izquierdo colgaba inútil, y llevaba al bebé, que se había quedado dormido, en el otro.
—Ayuda a la señora, Hiram —dijo el Desequilibrado, cuando ella trataba penosamente de subir por la zanja—. Y tú, Bobby Lee, toma a la pequeña de la mano.
—No quiero que me dé la mano —replicó June Star—. Parece un cerdo.
El muchacho gordo se ruborizó y se rió, la tomó de la mano y tiró de ella hacia el bosque detrás de Hiram y la madre.
Sola con el Desequilibrado, la abuela se dio cuenta de que había perdido la voz. No había una sola nube en el cielo, y tampoco sol. No había nada a su alrededor excepto el bosque. Quiso decirle que debía orar. Abrió y cerró la boca varias veces antes de que saliera algo. Finalmente se encontró a sí misma diciendo: «Jesús, Jesús». Quería decir «Jesús t'ayudará», pero de la manera en que lo decía era como si estuviera maldiciendo.
—Sí, señora —dijo el Desequilibrado como si le estuviera dando la razón. Jesús rompió el equilibrio de todo. Le ocurrió lo mismo que mí, salvo que Él no había cometido ningún crimen y en mi caso pudieron probar que yo había cometido uno porque tenían los documentos contra mí. Por supuesto, nunca me mostraron los papeles. Por eso ahora pongo la firma. Dije hace mucho tiempo: te consigues una firma y firmas to lo qu'haces y te quedas con una copia. Entonces sabrás lo qu'has hecho y podrás contraponer el delito con el castigo y ver si se corresponden y al final tendrás algo pa probar que no t'han tratao como debían. Me hago llamar el Desequilibrado porque no puedo hacer que las cosas malas que he hecho se correspondan con lo que he soportao durante`l castigo.
Se oyó un grito desgarrador en el bosque, seguido de inmediato por un disparo.
—¿Le parece bien a usté, señora, que a uno le castiguen mucho y a otro no le castiguen na?
—¡Jesús! —gritó la anciana—. ¡Tienes buena sangre! ¡Yo sé que no dispararías a una dama! ¡Sé que vienes d'una familia buena! ¡Reza! Por Dios, no deberías disparar a una dama. ¡Te daré to el dinero que tengo!
—Señora —repuso el Desequilibrado mirando hacia el bosque—, nunca ha habido un cadáver que diera una propina al sepulturero.
Se oyeron otros dos disparos y la abuela levantó la cabeza como un viejo pavo sediento pidiendo agua y gritó: «¡Bailey, hijo, Bailey, hijo!», como si fuera a partírsele el corazón.
—Jesús es el único qu'ha resucitao a los muertos —continuó el Desequilibrado—, y no tendría qu'haberlo hecho. Rompió el equilibrio de to. Si Él hacía lo que decía, entonces sólo te queda dejarlo to y seguirlo, y si no lo hacía, entonces sólo te queda disfrutar de los pocos minutos que tienes de la mejor manera posible, matando a alguien o quemándole la casa o haciéndole alguna otra maldad. No hay placer, sino maldad —dijo, y su voz casi se había transformado en un gruñido.
—Tal vez no resucitó a los muertos —murmuró la anciana, sin saber lo que estaba diciendo y sintiéndose tan mareada que se dejó caer en la zanja sobre las piernas cruzadas.
—Yo no estaba allí, así que no puedo decir que no lo hizo —repuso el Desequilibrado—. Ojalá hubiera estado allí —añadió golpeando el suelo con el puño—. No está bien que no estuviera allí, porque d'haber estao allí yo sabría. Escuche, señora —añadió alzando la voz—, d'haber estao allí, yo sabría y no sería como soy ahora.
Su voz parecía a punto de quebrarse y la cabeza de la abuela se aclaró por un instante. Vio la cara del hombre contraída cerca de la suya como si estuviera a punto de llorar, y entonces murmuró:
—¡Si eres uno de mis niños! ¡Eres uno de mis hijos!
Tendió la mano y lo tocó en el hombro. El Desequilibrado saltó hacia atrás como si le hubiera mordido una serpiente y le disparó tres veces en el pecho. Luego dejó la pistola en el suelo, se quitó las gafas y se puso a limpiarlas.
Hiram y Bobby Lee regresaron del bosque y se detuvieron junto a la cuneta para observar a la abuela, que estaba medio sentada, y medio tendida en un charco de sangre, con las piernas cruzadas como las de un niño, y su rostro sonreía al cielo sin nubes.
Sin las gafas, los ojos del Desequilibrado estaban bordeados de rojo y tenían una mirada pálida e indefensa.
—Llévensela y déjenla donde dejaron a los otros —dijo, y tomó al gato, que se estaba refregando contra su pierna.
—Era una charlatana —dijo Bobby Lee, y bajó a la zanja cantando.
—Habría sido una buena mujer —dijo el Desequilibrado— si hubiera tenío a alguien cerca que le disparara cada minuto de su vida.
—¡Pequeña diversión! —dijo Bobby Lee.

—Cállate, Bobby Lee —dijo el Desequilibrado—. No hay verdadero placer en la vida.